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Las escenas de la crucifixión, el descenso de la cruz, el entierro de Cristo y la resurrección —es decir, los temas principales de la fe cristiana— les ofrecen a los fieles una ayuda visual para la contemplación del pecado, la salvación y la redención. La caída del hombre, a manos de Adán y Eva, manchó el alma de la humanidad con el pecado original, y la salvación solo fue posible mediante el sacrificio y la sangre derramada del Hijo de Dios en la cruz.
El ícono de La Crucifixión revela la figura de Cristo labrada en una cruz, con dos ladrones crucificados a su derecha e izquierda, y enmarcado por pequeñas escenas del entierro en los extremos superiores. El cráneo que está a los pies de Cristo hace referencia al nombre del lugar, el Gólgota (o el Calvario), que significa “el lugar de los cráneos”, así como a la creencia tradicional de que la crucifixión se produjo sobre la tumba de Adán, el primer hombre. Las tres Marías, San Juan el Evangelista y San Longinos están a ambos lados de la cruz.
La Piedad representa el descenso de la cruz: la madre afligida está sentada con el cuerpo sin vida de Cristo extendido sobre sus rodillas. El ícono de la Madre de Dios, no Llores por Mí representa el entierro, con figuras de medio cuerpo de María y San Juan el Evangelista sosteniendo el torso desnudo de Cristo sobre una tumba estilizada.